"QUE LA CURIOSIDAD Y LA INQUIETUD NUNCA TE ABANDONEN"
miércoles, 23 de marzo de 2011
miércoles, 9 de marzo de 2011
BULLIT
Esta noche, laSexta3, a las 22:00, tiene programada en su parrilla la película “BULLITT” protagonizada por Steve McQueen y dirigida por Peter Yates. La película no tiene un argumento original, más bien todo lo contrario, es un argumento exprimido en el cine por multitud de títulos. Un testigo, ex miembro de la mafia, debe ser protegido por la policía hasta que preste declaración contra sus anteriores jefes, miembros del crimen organizado. Pero dos sicarios llegan hasta él y lo matan. Bullitt (Steve McQueen) se encargará de descubrir a los asesinos, la conexión política y la filtración del departamento de policía que ha hecho posible el asesinato. Aunque aspiró a varios Óscar, sólo lo obtuvo por su montaje en 1969. Hasta aquí nada novedoso. Pero, por qué llama la atención esta película. El recuerdo de una persona puede estar determinado por muy diversos motivos, entre los que se encuentra alguna breve escena imborrable de nuestra mente. Y es precisamente la escena de la persecución de coches la que ha quedado para el recuerdo de los aficionados al cine. La escena de 10´30´´, aproximadamente, está considerada como la más influyente en este tipo de persecuciones, marcó todo un género, hasta hacer que la cinta esté preservada en el archivo de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.
Bullitt conduce un Ford Mustang GT-3900, cuando se va a subir en él ve un coche negro que lo vigila, un Dodge Charger R/T, ocupado por dos hombres. La música, perfectamente acoplada, de Lalo Shifrin, acompaña los distintos planos durante unos 3 minutos y desaparece en el momento que el perseguido Bullitt se convierte en perseguidor de los dos asesinos y estos, percatados de la situación, comienzan una serie de maniobras evasivas para escapar. La escena sin diálogos, lo que no quiere decir que no haya un diálogo implícito entre los actores. Sólo el rugido de los motores V8, el doble embrague en los cambios de marchas, el chirrido de las ruedas en los derrapajes, la frialdad y sequedad de los semblantes de los actores son los aditamentos que dan un auténtico significado y hablan por sí mismos. Tiene tal entidad que podríamos decir que consta de presentación, nudo y desenlace. El final se materializa con la explosión de la gasolinera contra la que se estrellan los asesinos. Un final en el que triunfa el bien sobre el mal sin una sola victima colateral. En la escena, subiendo y bajando por la calles de las colinas de San Francisco, hay momentos que el vértigo se apropia del espectador ante las empinadas cuestas y los descensos vertiginosos.
La escena está considera como un icono, hasta el punto que, en 1997, Ford la volvió a utilizar para anunciar un modelo deportivo de su marca, el Ford Puma. La tecnología hizo posible que McQueen apareciera en el anuncio subido el coche por las colinas franciscanas, teniendo en cuenta que había muerto en 1980.
No os la perdáis.
http://www.youtube.com/watch?v=4eG1gC36nWYmiércoles, 2 de marzo de 2011
EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS
Si hurgamos en internet (me niego a escribirlo con mayúsculas) en busca de las mejores películas de ambiente educativo, seguro que encontramos alguna lista encabezada por El Club de los Poetas Muertos de Peter Weir. En la noche de martes pasado, día 1, laSexta3 nos ofreció esta maravillosa película. El cine de Weir viene siendo reconocido de forma unánime. Todas sus películas gozan de prestigio y de reconocimiento por su temática, tratada con profundidad y seriedad, siempre bien guionada. Sus títulos trasmiten algo diferente y han dejado escritas páginas insustituibles en la historia del cine. De su filmografía, sólo citar las 2 últimas: Camino de Libertad (2010), de la que hay una entrada en el blog, y, la genial, Master & Commander (2003). El Club de los Poetas Muertos (1989) ganó un Óscar al mejor guión original. Interpretada por Robin Williams en el papel del profesor John Keating y un elenco de jóvenes actores, de los que algunos han alcanzado posteriormente la fama. Un estricto internado estadounidense, exclusivamente masculino, recibe a un profesor de literatura que, con métodos poco convencionales, hará vibrar a los jóvenes estudiantes; les enseñará el auténtico significado de Carpe Diem. El suicidio de uno de ellos (una metáfora de la cruda realidad) es el punto final de la historia, pero quedará para siempre el rescoldo perenne de su profesor.
El profesor Keating, al que llaman Capitán, con métodos poco ortodoxos, despierta en los jóvenes optimismo, alegría, honor y lealtad. Les enseña que deben pensar por sí mismos y que tienen una tarea importante que hacer en la vida. Los jóvenes idealistas deben aprender a vivir el momento, su Carpe Diem, pero también tienen que aprender a distinguir entre valor y prudencia. Su pedagogía, opuesta al sistema tradicional, pretende despertar a una sociedad demasiado encorvada a los usos y costumbres. Superar el ambiente rancio será su tarea vital, con armas tales como el idealismo, la fantasía, transformando las convicciones de los jóvenes para que sean poseedores de sus propias devociones. La escena en el salón de actos en la que suena el teléfono y un alumno le dice al director que es “una llamada de Díos” es genial, comparable a las mejores de los hermanos Marx, ni el mismísimo Groucho hubiera tenido mejor ocurrencia, subrrealismo total. Después del suicidio del amigo, uno a uno son vencidos por el sistema. La realidad de una sociedad inmovilista se impone; además, como siempre, busca al culpable de sus males fuera, no hace un solo gesto de constricción, de reconocimiento de sus propios errores. Expulsado del centro y culpado, injustamente, de la muerte del chico, el profesor abatido recoge sus últimos libros, pero es entonces cuando al grito de “oh capitán, mi capitán” siente como su tarea ha tenido éxito. Ese acto de insolencia, mitad fantasía y mitad rebeldía, ante el director es la certeza de que su siembra ha arraigo y dará sus frutos en el futuro.
sábado, 26 de febrero de 2011
EL DISCURSO DEL REY
Mostrar preferencia por algo es un acto humano que pertenece al ámbito de lo subjetivo. No todos pensamos igual, no todos decimos lo mismo. Cuando comentamos una película, estamos poniendo de manifiesto nuestra subjetividad, razonando nuestra propia opinión, con argumentos que pueden ser no coincidentes con los de otros opinantes. Después de ver “El Discurso del Rey” creo que es una gran película y espero que sea afortunada en los premios Óscar. Si te gusta el cine, la historia, la política y la educación, o sólo alguno de estos componentes, porque tiene de todo un poco, no dejes de verla, si aún no lo has hecho. Ha tenido críticas buenas y otras no tanto. Tachan, éstas últimas, a la película como previsible, aburguesada, de excesivos colores fríos, con fotografía poco adecuada en algunos planos e, incluso, de ciertos errores históricos; pero en lo fundamental no hay dudas: la magnifica interpretación del actor principal, Colin Firth, y del secundario, Geoffrey Rush. Tampoco, en la valoración del conjunto: una magnifica película. Además, teniendo en cuenta que no ha gozado de una gran campaña de marketing publicitario, ni su presupuesto ha sido el de una megaproducción americana, 15 millones de dólares, aunque lleva recaudado más de 10 veces lo invertido antes de la entrega de los premios Óscar, lo que es un valor añadido.
Corren los años 30, Europa se tambalea con la llegada del nazismo (Hitler) al poder en Alemania. La monarquía británica se ve envuelta en una transición convulsiva. Eduardo VIII, el heredero, enamorado de una mujer divorciada, Wallis Simpson, que por cierto queda en la película como una mujer malísima, manipuladora y perversa, abdica a favor de su hermano Jorge VI. Éste padece una disfemia (tartamudez) que le impide hablar en público con garantías, tiene que recurrir a la ayuda de un logopeda que le ayudará en sus discursos públicos. Su esposa también será de gran ayuda.
La cinta gira en torno a dos personajes: Jorge VI (Colin Firth) y el logopeda (Geoffrey Rush). Ambos reproducen un duelo interpretativo comparable al del mejor cine clásico, hasta el punto que el terapeuta lingüístico, a veces, supera al protagonista. Tras insistir el logopeda en hurgar en la infancia de futuro monarca como vía de tratamiento de la tartamudez, tratamiento con técnicas poco ortodoxas, el futuro rey, en una escena catártica, entrega su infancia, narrando sus traumas infantiles y el desamor familiar que le acompaña. La escena, ambientada en la desconchada consulta, es para el recuerdo. Sencillamente, inolvidable. La humanidad, en ambos personajes, envuelve poco a poco la sala. Un rey de carne y hueso, alejado de los tópicos, despojado del armiño soberano, mano a mano con un actor fracasado que ejerce de especialista del lenguaje , no titulado, para ganarse la vida. En determinados momentos, parece más bien una obra de teatro que una película de celuloide, con el mérito que esto supone para la interpretación. Si, además, le añadimos la dificultad de interpretar una alteración lingüística, Colin Firth, va camino del Óscar al mejor actor. El australiano logopeda no le va a la zaga.
martes, 25 de enero de 2011
El Apartamento

Un joven empleado de una compañía de seguros (Lemmon) presta su apartamento a sus jefes para que éstos lo utilicen como picadero en sus correrías amorosas, a cambio de promesas de ascenso en su trabajo. Poco a poco se va enamorando de la ascensorista (Maclaine) y todo empieza a cambiar; sobre todo cuando se entera que su "amor" también ha caído presa de los devaneos amorosos de uno de sus jefes. Al final, como no podía ser menos, acaban juntos y final feliz.
Lemmon representa a un joven solitario, mediocre, con pocos escrúpulos, dispuesto a casi todo por un ascenso. Algo pícaro y cómplice de sus jefes. Ha entregado su dignidad como persona, cuando entregó las llaves de su apartamento a sus jefes; dignidad que recupera con la devolución de las llaves del servicio que tenía como adjunto al jefe de personal y se despide de la empresa. Con la devolución de las llaves, Lemmon se revela contra la tiranía en una sociedad hipócrita, en la que no se valora la valía de las personas. Una sociedad de víctimas y aprovechados. No todo vale. Siempre queda una rendija en la condición humana para recuperar los valores más nobles del perdón, la bondad y el amor, sobre todo por "ella", su gran amor.
La película desarrolla un guión perfecto, con unos diálogos hábilmente hilvanados, que transmiten un humor corrosivo y cierta dureza emocional. En definitiva, un retrato agridulce de la sociedad del momento, pero en el que hay cabida a los sentimientos y emociones.
Wilder, judío austriaco que en 1934 huyó de la Alemania nazi y emigró a USA, no olvida su pasado y como no podía ser menos nos deja su perla "yiddish" en la película. En una de las escenas en las que aparece el médico, le recuerda a Lemmon que debe ser un "mensch".
miércoles, 12 de enero de 2011
CAMINO A LA LIBERTAD

Con esta entrada inaguro mi blog, es la primera entrada y última que numero.
Hoy he estado viendo en el cine la película "Camino a la Libertad".
Algunos datos: dirigida por el australiano Peter Weir, director entre otras de Único Testigo, El Club de los Poetas Muertos, El Show de Truman, Master & Comander, Gallípoli…….y alguna más, todas de cierto nivel de calidad. Participa en la producción el National Geographic. Los protagonistas son Jin Sturgess, Ed Harris y Colin Farrell; hay más pero éstos son los más conocidos.
Esta ambientada en una novela “La Increíble Caminata” de Slavomir Rawicz, aunque el director se ha tomado excesiva libertad en la transferencia cinematográfica del texto literario y no se ajusta mucho a la literalidad de la obra escrita. No obstante, sí recoge el espíritu que impregna la novela: la esperanza de alcanzar la libertad.
Los gulag fueron campos de trabajo que la URSS creó en Siberia. En ellos se internaban todo tipo de personas indeseables para el régimen comunista, fueron famosos por encarcelar a numerosos presos políticos y por sus durísimas condiciones de vida. Fueron la versión comunista de los campos de exterminio. Alexander Solzhenitsyn los retrató con todo lujo de detalles en “Archipiélago Gulag”, para vergüenza del comunismo.
La película cuenta como, en 1940, un grupo de prisioneros huyen del campo 105, recorren miles de kilómetros, atraviesan Siberia, Mongolia, el desierto del Gobi, el Tíbet, la cordillera Hilamaya, hasta llegar a la India. Los mantiene vivos el deseo de alcanzar la libertad, siguen adelante con el único deseo de ser libres y alejarse cada vez más y más de un mundo de opresión. La mayor parte de la película está rodada en exteriores, retratando unos paisajes maravillosos.
Con este tipo de películas, a la que podíamos añadir “Katyn” (fusilamiento de 22.000 soldados polacos) y alguna más, vamos conociendo la realidad del comunismo durante la II Guerra Mundial. No sólo estaban los nazis, con su ocho millones de personas exterminadas, también estaban los comunistas y han perdurado el tiempo suficiente para aniquilar casi cien millones de seres humanos en pro de su ideología totalitaria y alienadora.
